Tenía super pendiente este tema. Es algo que involucra muchas cosas, pero comenzaré dando un poco de antecedentes para poner en contexto el post. Mis padres trabajaron duro para tenernos a mis hermanos y a mi en la mejor escuela que pudieron. Los tres terminamos la carrera y somos bilingües, además de que sin ningún ánimo de parecer pedante, considero que tenemos una cultura amplia. El caso es que debido a lo que se invirtió en colegiaturas, al nivel de conocimientos y al prestigio de las universidades de las que egresamos, mis padres y yo misma pensábamos que iba a tener un buen trabajo con un buen sueldo.
La historia de mi primer trabajo ya la conté. Esperé pacientemente a que corriera el tiempo requerido como becaria, el cual los empleadores valoran como oro (mano de obra baratísima, sin prestaciones, etc). Después llegó mi primer “contrato” ya en forma y con ello el aumento de sueldo. Lo que no me esperé fue el cuadruplicado de responsabilidades, llegó un momento en el que prácticamente vivía en la oficina, pues atendía cuatro proyectos simultáneamente. Esto duró más de dos meses, entraba como a las 10 am y salía como a la 1 am. Así que sólo iba a la casa a dormir, bañarme y desayunar. El desayuno y la cena los mal comía en la oficina o en algún lugar cercano. Siempre estaba de malas con mi familia, los 20 minutos que los veía.
Entonces mis padres hablaron conmigo. Básicamente me dijeron la frase con la que titulo este post: “Hija, ¿por qué no pides más sueldo?”. Primero pensé que no se podía pedir más, pues era mi primer trabajo y ya estaba ganando el doble de lo que se pagaba de colegiatura en mi universidad, (que dicho sea de paso, no era barata, equivale a una mensualidad de un jetta). Seguí hablando con mis papás, y ellos me dijeron que debía pedir más dinero simplemente por que trabajaba más de 8 horas, atendía a llamadas de trabajo cuando estaba en la casa y si me lo pedían iba sábados, domingos, o días festivos. (Éstos días los reponían, no los pagaban.) Comencé a pensar que tenían razón dado que la responsabilidad entera de 2 de los 4 proyectos recaían sobre mí. Mi jefe usaba la palabra “responsabilidad”, no liderazgo, porque la segunda implicaba más sueldo por supuesto.
Lo que me hizo reaccionar fue lo que dijo mi papá, su argumento fue contundente, ahorita yo estaba ganando lo de dos jettas, pero él había invertido en mi educación 17 años (6 de primaria, 3 de secundaria, 3 de preparatoria y 5 de universidad) pagando mensualmente una mensualidad de jetta. Obviamente el rendimiento de la inversión o sea mi sueldo era muy muy muy bajo. Jamás me echó en cara esto, ni me pidió dinero, sólo me dijo que hiciéramos el cálculo para que yo viera por qué pensaba que yo necesitaba ganar más.
Mi quijada se cayó hasta el piso. ¿Tanto costaba educar a un hijo? Wow!, y mis padres sacaron el compromiso de 3, casi al mismo tiempo.
Después me puse a pensar cuánto necesitaría ya no digamos para mantener 3 hijos en colegio, sino cuánto necesitaría yo sola para ser completamente independiente. Obviamente ya no parecía tanto mi sueldo de “dos mensualidades de jetta” (y secretamente el respeto a mis padres aumentó una rayita, porque ninguno de los dos tiene profesión universitaria).
Lamentablemente en México ya no es lo mismo ser profesionista que hace 20 años, ahorita la oferta es grandísima y por eso vemos cosas tan contradictorias como el que varios de mis compañeros de ese primer trabajo ganan menos que los albañiles que veíamos diario por la ventana trabajando con horario fijo.
Después de casi un año de esa conversación, el balance es mucho mejor. Cambié dos veces de trabajo, pero ya puedo decir que lo que gano corresponde al esfuerzo que invirtieron mis padres en educarme. Y nada, ningún sueldo del mundo puede pagar el orgullo que sé que sienten cuando hablan de su hija, la que se fue a trabajar a otra ciudad.
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